Llegaron a la hora acordada, Miriam y sus tres alumnos de la preparatoria: Jenny, Jack y Jazmín. Dos de ellos obedecerían al Señor en el bautismo, solo Jenny venía como espectadora. -- Caleb, mientras se llena la bañera, ¿podrías dirigir unas palabras a Jack y Jazmín?, dijo Miriam.
Utilicé la ocasión para hacer algunas preguntas que hicieran reflexionar a aquellos jóvenes sobre su fe y la decisión que estaban tomando: -¿Cómo llegaron a creer en Dios como alguien real, como el único y verdadero Dios? ¿Cómo es que hicieron de Jesús su salvador y Señor?
Fue una tarde de maravillosos testimonios, milagros de la manifestación del poder y presencia del Padre sobre la vida de aquellos muchachos de no más de 18 años. Curiosamente, Jenny quien solo había venido a ver, también compartió su testimonio. Entonces le pregunté --Jenny, si ya has creído ¿por qué no te bautizas? Aquella joven explicó que había orado preguntándole a Dios si debía o no bautizarse y que la respuesta era que debía esperar. --Tú sabes que el bautismo es un acto de obediencia a un precepto que Dios estableció ¿Cómo podría Dios decirte que le obedezcas y al mismo tiempo que esperes para hacerlo? Dios no pudo haberte dicho eso. Jenny, ¿Quieres rendirte a Él y cumplir Su voluntad?
Al sentirse confrontada, Jenny asumió una actitud agresiva -- Es que tú no entiendes, tú no sabes lo que es ser cristiano en un país como éste. Pierdes oportunidades de beca o de trabajo y si ya cuentas con ello lo puedes perder, la gente te rechaza, además probablemente nunca tendrás "éxito".
Al notar cómo aquella actitud agresiva se transformó en desesperación e impotencia, mi corazón se dolió. Tenía razón, no entendía, ni alcanzó a entender lo que significa seguir al mi Señor como ciudadano de ésta nación. -¿Qué le digo, Señor? ¿Qué puedo contestar? Fue mi oración en silencio.
Jenny continuó ahora con la voz quebrada, señal de que estaba a punto de llorar. --Además hice algo que Dios no me perdonará. Fui con mis padres, abuelos y tíos a un día de campo en un parque donde hay un templo budista. Estando allí, mi abuela me dijo que me postrara delante de la imagen de Buda, yo le dije que no creía en Buda sino en Jesús. Molesta y apoyándose en mis padres y familiares, me presionó tanto que me vi obligada a hacerlo-. Hubo silencio, solo se escuchaba el sollozo de Jenny.
-Jenny ¡Dios puede perdonar...te! Aun no terminaba la frase cuando ella continuó con su historia. --Al salir del parque me sentía muy mal y camino a casa escuchaba voces en mi mente riéndose y burlándose de mí. Durante la noche no pude dormir por las pesadillas, rostros horribles venían a mí burlándose de mi fe y asustándome, sentí que alguien estaba en mi habitación. Tuve mucho miedo y no quiero que me vuelva a pasar.
"Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz." Marcos 10:21
Muchos creen que seguir a Jesús implica pagar un precio muy alto. Es una gran mentira que el enemigo ha puesto en el corazón y mente de muchas personas incluyendo creyentes. Nada de lo que hagamos puede compararse con el precio que Cristo ya pago en la cruz para darnos VIDA.
Él te está mirando, una y otra vez te dice que te amó en la cruz y te sigue amando como desde el momento en que te pensó antes de la creación. Seguirle tomando la cruz es un acto de reconocimiento de Su deidad, Su soberanía pero sobre todo de Su amor y misericordia. Es un acto de gratitud y de adoración.
¿Qué miedos detienen tu obediencia a Él? ¿Qué miedos te impiden seguir a Jesús? ¿Qué miedos te impiden abrazar la cruz en señal de gratitud?
"Ahora, ponte en pie y escúchame. Me he aparecido a ti con el fin de designarte siervo y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te voy a revelar. Te envío a éstos para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados." Hechos 26:16 y 18 NVI
No se turbe tu corazón, ni tenga miedo.
(continuará...)