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DI LO QUE JESUS HA HECHO A TUS AMIGOS BENGALIS Diciembre 2007
"No desmayes delante de ellos, porque Jehová tu Dios esta en medio de ti, Dios grande y temible." Deuteronomio 7:21
Tenía escasos cinco días de haber llegado a Bangladesh, este país del sur de Asia y llegó el momento de hacer mi primer viaje a una zona lejana con el propósito de conocer algunos grupos étnicos. La familia nativa con quien vivía se había asegurado que yo estuviera sentada en el bus correcto para hacer mi viaje. Mientras tanto Ella, (la mamá) me acomodaba mi dupata (reboso) -esta prenda da respeto ante la cultura-. Nuevamente me recordaba las instrucciones que cada día por la mañana me daba, en cuanto a cómo debía comportarme en esta cultura que en su mayoría es musulmana. Yo sabía que no podía mirar a los varones a los ojos, tampoco podía sentarme junto a ellos, tenía que haber una bolsa o un niño(a) entre nosotros y lo menos posible hacer conversación con ellos. Esto es sólo parte de lo que yo como mujer, no puedo hacer en esta cultura.
El viaje por seis horas me dio la oportunidad de disfrutar el paisaje, apreciar la riqueza de los sembradíos y las diferentes formas de trabajar y viajar. La noche había caído y conforme las horas avanzaban anhelaba llegar a mi destino.
A las diez de la noche estaba bajando del bus con un poco de miedo por la hora, saqué la dirección a la cual tenía que dirigirme. Mientras leía la dirección para buscar un taxi, un hombre se acercó y me dijo: ¿Estás buscando un taxi? "Sí," contesté. El tomó la hoja con la dirección y me dijo: “Voy en busca de un taxi, ya regreso”. Cuando yo reaccioné, el se había ido y pensé: ¿Quién es ese hombre que se llevó mi dirección y por qué hablé con él? No sabía qué hacer. A los pocos segundos regresó y me dijo: “Aquí está el taxi y tu dirección, puedes subir”. "Muchas gracias", respondí. Inmediatamente subí al taxi y no me percaté cómo fue que él subió por la otra puerta. En ese momento dije: Disculpe, usted y yo no podemos ir en el mismo taxi, ¿se baja usted o lo hago yo? Con temor por todo lo que estaba sucediendo, sabía que lo correcto era bajar del taxi. Justo cuando estaba tomando mi pequeña maleta para bajar, una paz inundó mi ser y me detuve. Mi mente me decía; no puedes ir con él en el mismo taxi y por otro lado mi corazón me decía, quédate.
El hombre le dio la orden y dirección al taxista. No sabía qué hacer, al ver que avanzábamos, la paz que había llegado a mi corazón segundos antes, para ese entonces era mayor y sabía de dónde provenía, de Dios. En el transcurso del camino, este hombre no me dijo nada y yo tampoco busqué entablar conversación. Después de casi una hora llegamos; al bajar del taxi y buscar el dinero para pagar, él ya estaba a mi lado diciendo: “tú no vas a pagar, yo voy a pagar." "¿Por qué? ¿Usted vive por aquí?" pregunté. "No", respondió. ¿Por qué ha hecho todo esto por mí? ¿Quién es usted? Pregunté. El, viéndome a los ojos dijo: “Mi propósito y misión era estar seguro que llegaras al lugar donde tenías que estar, que Dios te bendiga y conceda las peticiones de tu corazón en este país”. Se subió nuevamente al taxi y se fue. ¡Mientras tanto yo había quedado sin habla! Mi reloj marcaba las once de la noche, atónita por lo que había pasado, me quedé ahí en la calle sin saber qué decir o hacer. Dios me había provisto un Ángel para esperarme y protegerme hasta la casa donde debía llegar. Pero las palabras que él me había dicho hacían eco en mi corazón, ¡me había bendecido! Y lo había hecho en nombre de Dios, no en el nombre de otro dios de este país. En ese momento Dios me mostraba cómo se da a conocer en un país cerrado al evangelio y con el único propósito de dejar mis miedos ante Sus pies.
*Ore porque Jesús se dé a conocer como el Salvador y que su Palabra penetre los corazones”.
En Su Amor
ANA.
BANGLADESH SABRA QUE SOY DIOS Y SALVADOR Octubre 2007
“Y todo aquel que invoque el nombre de Jehová, será salvo”. Joel 2:32
Estando en ese país... Conocí a una mujer budista cuando ella oraba a su dios en un templo. Después de despedirnos, se regresó y me dijo: “ Me gustaría que mañana estés en mi casa para compartir los alimentos de medio día, te espero”.
Al día siguiente, al llegar a su casa la mesa estaba servida pero me preguntaba ¿Dónde está el resto de su familia? En ese momento ella me dijo: "lo siento, mi esposo y mis hijos tuvieron que salir de emergencia a su trabajo, así que solamente comeremos tú y yo."
La plática estaba muy amena, cuando de repente ella guardó silencio; sabia que había algo que quería decirme y lo primero que me vino a mi mente fue que quizá con alguna actitud mía había ofendido su cultura. Pero no era así, pues me dijo: "Te invité que vinieras a mi casa porque tengo tres preguntas que hacerte y sé que tú me las puedes contestar. ¿Es cierto que hay un libro que se llama la Biblia? (¡No podía creer lo que me estaba diciendo!) ¿Es verdad que hay un hombre que se llama Jesús y que es el Salvador?" En este momento ¡glorifiqué a Dios en mi corazón! "¿Si es verdad que hay ese libro y que Jesús existe." "Dónde está ese libro y dónde está el Salvador?" Veía la sed que había en su corazón y la sinceridad de cada una de sus preguntas. Muy sorprendida e impactada por lo que acababa de oír, le pregunté: ¿Quién te ha hablado de Jesús y cómo sabes de la Biblia? Mientras esperaba su respuesta, lagrimas comenzaron a caer de sus ojos y contestó: “Todos los días y a cada momento oro a Buda, cumplo con las reglas de mi religión pero no tengo paz y la he buscado durante toda mi vida; una nochedespués de estar postrada orando a Buda, me levanté y dije: ¡Dios de los cielos quiero conocerte, quiero encontrar la verdad, anhelo tener la paz que toda mi vida he buscado! Y ese día por la noche tuve un sueño: vi a un hombre con vestidura blanca, que me extendió sus manos y me dijo yo soy Jesús y soy la Verdad; me desperté inmediatamente y me preguntaba ¿Quién es ese hombre llamado Jesús? A los pocos días, tuve otro sueño, era el mismo hombre con vestidura blanca y con sus brazos entendidos que me dijo: Yo soy Jesús, el Dios de los cielos a quien tú clamaste. En esa semana nuevamente El se apareció en mi sueño y me volvió a decir: Yo soy Jesús, soy el camino que te lleva a la paz que anhelas, soy la verdad que has buscado y Soy la vida y me conocerás por medio de mi Palabra (La Biblia) ¡Búscala!. "
"Desde que Jesús se me reveló por primera vez, he sentido una paz que no me explico y mi corazón anhela conocerle, yo sabía que tú responderías a mis preguntas. Dime, ¿Sabes quién es Jesús? ¿Sabes dónde puedo conseguir una Biblia?" Durante todo este tiempo había guardado silencio, ¡Dios me había impactado! Era el tiempo de hablar y decir que Jesús existe, que es el único que puede proveer de paz, es el Dios verdadero, es el único que puede perdonar tus pecados, él murió por ti en la cruz y resucitó de entre los muertos para darte vida eterna juntamente con El. La Biblia es un hermoso regalo que nos ha dado para conocerle y en ella encuentras el alimento que estás necesitando.
Las horas transcurrían… le compartí cómo fue que yo hace siete años encontré a ese mismo Jesús. Al final de ese día, ella sabía lo que significaría hacerse cristiana, seguramente perderá a su familia y será desechada por toda su comunidad, sabía perfectamente lo que implicaba ser cristiana, pero desde ese día su corazón y semblante ya no era el mismo.
Ora por esas almas sedientas de conocer al Dios verdadero.
Que Jesús se siga dando a conocer como Salvador en Bangladesh.
Que Su Palabra sacie el hambre espiritual de cada Bengalí.
En Su amor,
ANA
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